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La mirada de Ouka Leele, en Centro Niemeyer



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Inauguración de muestra fotográfica ‘Inédita’, de la artista Ouka Leele


  • La exposición estará en el vestíbulo del Auditorio hasta el 29 de noviembre
  • La muestra –que consta de 67 obras en blanco y negro y en color- está producida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con motivo del Premio Nacional de Fotografía otorgado a la artista en 2005
  • Hoy, a las 20:00, se proyectará, en la Sala Cine, el documental La mirada de Ouka Leele, rodada a lo largo de cinco años
El Centro Niemeyer de Avilés acoge, en el vestíbulo del Auditorio, la exposición fotográfica Inédita, de la artista Ouka Leele, que se ha inaugurado el 1 de julio, y que permanecerá abierta al público hasta el 29 de noviembre.


La muestra está producida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con motivo del Premio Nacional de Fotografía otorgado a la artista en 2005, y comisariada por Rafael Gordon. Consta de 67 obras de medio y gran formato, en blanco y negro y en color.


Sólo una de las piezas expuestas en la muestra ha sido pintada. Lo que tienen en común las obras que componen la exposición es su carácter inédito; todo lo demás es variedad, tanto en las técnicas –cámara analógica, digital, de teléfono móvil o tratamiento con Photoshop- como en los temas o las fechas.


La exposición


Al tratarse de una exposición antológica, Inédita permite y sugiere diferentes lecturas, diferentes accesos a una misma realidad: el imaginario poético-visual de Ouka Leele. La presencia de obras realizadas en distintos momentos de su carrera hace posible que el espectador aprecie la progresiva consolidación de su lenguaje y la percepción que el conjunto de las obras pretende transmitir. La idea de “una comedia humana en 67 fotografías”, en palabras del comisario de la exposición, Rafael Gordon, quien también explica que “estamos ante un viaje interior, hondo y pleno de dolorido sentir”.


Retratos, autorretratos y escenas que son verdaderos poemas visuales, integran una exposición ecléctica y cargada de referencias a mundos externos (civilizaciones antiguas, mitologías diversas, literatura) e internos (familia, amigos, sueños…).


Los retratos en Ouka Leele son presentados como tentativas de redefinición del sujeto humano. Los poemas visuales muestran algunas veces “asociaciones fortuitas y fulgurantes”, como dice Rafael Gordon, y otras veces presentan realidades más aprehensibles desde la lógica y desde la sugerencia, no menos poética, emitida por el título. Los autorretratos, completamente ajenos al narcisismo, son aquí, con frecuencia, un ejercicio de búsqueda y tanteo de los contornos de la identidad y a la vez un ejercicio de presencia efectiva, en la medida en que la artista, en palabras del comisario de la exposición, se niega a “eludir su presencia entre nosotros, los espectadores, y los seres inmortalizados en su obra, evitando así aislar un mundo recreado por y para la autenticidad”.


Inédita es la oportunidad de entrar en contacto, más ampliamente que nunca, con un lenguaje, una sensibilidad y un discurso poético que ha nacido del contacto con la experiencia de la vida –incluido ese “dolorido sentir”- y ha crecido con el tiempo hasta hoy. Tal y como dice Rafael Gordon la exposición es “un acontecimiento único”.


El horario de visita a la exposición es de 10:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:30 (abierta de lunes a domingo). A partir de septiembre, el horario será de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 (lunes y martes cerrado).


El precio es de 2 euros general, 1,5 euros reducida. Miércoles entrada gratuita.


Ouka Leele. La artista


La larga y rica trayectoria de Ouka Leele (Madrid, 1957) desemboca en esta exposición de fotografías inéditas que celebra la madurez artística alcanzada tras cincuenta años de vida y tres décadas de trabajo.


La inquietud artística de Barbara Allende Gil de Biedma (nombre real de Ouka Leele) se manifestó muy pronto. Pasó su infancia entre Madrid y San Rafael, donde el bosque le impresionó profundamente, y quizá para siempre. Creció rodeada de fuertes estímulos estéticos que no tardaron en despertar una sensibilidad artística temprana, natural y considerablemente intensa. Cuenta la propia Ouka Leele que muy pronto supo que quería ser aprendiz de la naturaleza, como lo fueron los pintores que descubrió en El Prado, otra fuente de estímulos que sería determinante en el desarrollo de su imaginario personal. La artista llega a referirse a este museo como “templo de mis emociones”.


Una grave enfermedad en la adolescencia la enfrenta de manera crucial con la muerte. La superación de esta circunstancia genera en su espíritu un intenso amor por la vida que se sigue intuyendo hoy en su obra, pero que alcanza una expresión palmaria en estos versos de juventud: “Qué bonito es / que se me llenen los pulmones de aire / que se me clave la luz en los ojos / que se me meta el olor de las flores hasta las venas / que me lata el corazón de emoción / que se me ponga roja la cara / por un sentimiento”.


Ouka Leele –por aquel entonces Ouka Lele, con una sola “e”- se integra con pasión en el ambiente artístico de la movida de Madrid en los años 80. Generará así una pletórica actividad que la impulsará a extender su ámbito de actuación hacia el extranjero y hacia otras disciplinas artísticas como el dibujo, la serigrafía, la pintura y la literatura.


Se instalará poco después en París, pasará largas temporadas en Mallorca, será madre en 1990, triunfará en Arco y se convertirá en Ouka Leele –con una “e” más-.


En la última década, que podría considerarse la de su consagración definitiva, ha recibido los galardones más importantes de su carrera: en 2004, el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid y en 2005, el Premio Nacional de Fotografía.


Las fotografías de Ouka Leele hoy son consideradas “iconos de su tiempo”, como señala Rafael Gordon, comisario de Inédita. Esto no resulta extraño a la luz de la fuerte integración entre vida, emociones y expresión estética que siempre ha marcado el trabajo de la fotógrafa. “En una sociedad degradada por la vulgaridad del arte por y para la masa –añade Gordon-, invocar la sensibilidad estética de la persona se hace acuciante. La sensibilidad civilizadora de Bárbara Allende y Gil de Biedma lleva más de tres décadas intentando asociar el arte a la reflexión, realizando un arte de ideas para alcanzar la plenitud del significado de hacer arte”.








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