Club de Lectura “Una habitación propia”




“Las escritoras y lo autobiográfico”, nuevo ciclo del Club de Lectura “Una habitación propia”


  • Se leerán obras de Elizabeth Von Arnim; Elizabeth Bowen ; Claudia Piñeiro, Amelie Nothomb y Carmen Riera

  • Las sesiones se celebran el tercer lunes de cada mes, a las cinco de la tarde, en el Centro de Documentación de Mujeres  del Edificio Fuero y es imprescindible haber leído las obras propuestas

El nuevo ciclo del Club de Lectura  “Una habitación propia”, de la concejalía de Igualdad, El comienza el lunes 19 de enero, se desarrollará hasta mayo y lleva por título a “Las escritoras y lo biográfico”.

Abordará una obra por mes de las escritoras Elizabeth Von Arnim (Australia, 1866-1941); Elizabeth Bowen (Irlanda, 1899- 1973); Claudia Piñeiro (Argentina, 1960); Amelie Nothomb (Japón, 1967) y Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948). Todas las sesiones se celebran a las cinco de la tarde en el Centro de Documentación de Mujeres ubicado en el Edificio Fuero (C/Fernando Morán 26). Las fechas y títulos que se debatirán en este ciclo son:  


19 de enero. Elizabeth von Arnim “Elizabeth y su jardín alemán”

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Elizabeth von Arnim (1866-1941) nació en Sidney (Australia) y se educó en Inglaterra. En 1889 conoció a su primer marido, el conde Hennin August von Arnim-Schlagenthin, con quien tuvo cuatro hijas y un hijo. Su primera novela, Elizabeth y su jardín alemán, se publicó anónima en 1898. Los veintiún libros que escribió después iban firmados «por la autora de Elizabeth y su jardín alemán» y, más tarde, sencillamente «por Elizabeth». En 1910, el conde Von Arnim murió y Elizabeth se instaló en Suiza, donde trabajaba en sus libros y recibía a amigos como H. G. Wells (con quien tuvo una aventura). En 1916 se casó con Francis, segundo conde de Russell, hermano de Bertrand Russell, pero aquella unión resultó desastrosa.
Figura literaria muy admirada en su época, descrita como «uno de los tres ingenios más finos de su tiempo», pasó sus últimos años en Suiza, Londres y la Riviera francesa, donde escribió su autobiografía All the Dogs of My Life (1936). Alfaguara ha publicado también Amor (2000). Abril encantado, escrito en 1922, se ha convertido ya en un clásico y ha sido adaptado al cine en 1992 por Mike Newell.

Elizabeth y su jardín alemán
Al poco tiempo de publicarse, en 1898, esta breve novela se convirtió en un gran éxito de ventas, hasta el punto de que su autora, que en realidad se llamaba Mary Annette Beauchamp, firmó toda su producción posterior con el nombre de Elizabeth von Arnim. Ambientada en un jardín de la región alemana de Pomerania, la novela e s el relato en primera persona de una joven mujer que ve en las plantas y en los árboles una imagen de feliz rebeldía en contra de las reglas sociales de su tiempo. Casada con un noble prusiano, a quien vamos a conocer como «el hombre airado», Elizabeth sabe que, puertas adentro, la esperan un sinfín de criados a los que hay que orientar, unas comidas interminables con huéspedes aburridos, unos muebles austeros que comen luz y crían polvo. Fuera, en cambio, está su jardín, están los libros que ella ama leer sentada en la hierba y están sus tres hijas pequeñas, que comparten con ella este paraíso terrenal. Este espacio consagrado a la naturaleza se convierte así en un lugar de libertad y reflexión, un territorio donde el placer anda del brazo de la vida, y donde el talento de Von Arnim se expresa con sus mejores armas.


16 de febrero. Elizabeth Bowen. Siete inviernos
    

Bowen nació en Dublín en 1899. Hija única de padres protestantes –descendientes de la seudoaristocracia creada por Oliver Cromwell tras la guerra civil inglesa-, es una escritora de impecable estilo que destaca por sus penetrantes y delicadas descripciones, llenas de ternura e ironía. Se educó entre la alta burguesía angloirlandesa, principal destinataria de sus escritos. Su infancia, descrita como un “friso de mármol blanco” por su tersa pulcritud, se ve zarandeada por el ingreso de su padre en un hospital psiquiátrico de Dublín a consecuencia de una depresión nerviosa y por la muerte de su madre, víctima de un cáncer. Episodios ambos que agravarían el acentuado tartamudeo de Elizabeth y marcarían su vida futura. En 1923, contrajo matrimonio con Alan Cameron, un administrador educativo que también trabajaba para la BBC, se instalan cerca de Oxford, en cuyos círculos literarios trabará amistad con Virginia Woolf y Rosamund Lehmann, del grupo de Bloomsbury. Mantuvo varias relaciones extramaritales, incluyendo una con Charles Ritchie, un diplomático canadiense seis años menor que ella. También tuvo un romance con el escritor irlandés Sean O'Faolain y con la poeta estadounidense May Sarton. Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó para el Ministerio de Información Británico, producto de esta época es su obra  The Heat of the Day.  Su esposo se retiró en 1952, y ambos se mudaron a Bowen's Court, en donde Cameron murió unos meses más tarde, después de treinta y cinco de matrimonio, cuya solidez no se vio afectada por las infidelidades de ella. A partir de este momento Bowen se dedica a  recorrer mundo,  en particular los Estados Unidos.

Ha destacado como narradora, y también como ensayista. Como novelista, empezó con The Hotel (1927), cuya fuente de inspiración fueron sus impresiones como institutriz de sus primos, aún niños, durante su estancia en un parador italiano. Antes de la Segunda Guerra Mundial, destacó con novelas como La casa en París (1935) y La muerte del corazón (1938) una de sus mejores novelas, considerada como cumbre de la narrativa inglesa tras V. Woolf o E. M. Forster. Asimismo en ese tiempo de gran actividad escribió varios ensayos: así English Novelists y textos familiares, como Bowen's Court o sus memorias de infancia en Dublín, Siete inviernos (los tres de 1942). Tras la guerra publicó novelas como The Heat of the Day (1949), A World of Love (1955), The Little Girls (1964) y The Good Tiger (1965). La última fue Eva Trout, de 1968. Bowen recibió múltiples reconocimientos por su trabajo. En 1969, ganó el James Tait Black Memorial Prize por su novela Eva Trout. Así mismo, recibió doctorados honorarios del Trinity College (Dublín) en 1949 y de la Universidad de Oxford en 1952. En 1948, fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico.

Siete Inviernos
No es un libro melancólico, sino una asombrosa orfebrería del recuerdo, una colección de secuencias que se abren a un mundo perdido: el de todas las infancias. Hay textos que perduran por fijar el que es a fin de cuentas el universal más invariable: el mundo íntimo del alma visto en este caso a través de los agudos ojos de una niña dotada de una precoz inteligencia estética. Bowen ilumina los rincones de una clase maldita en un siglo marcado por la emancipación marxista y su fracaso. Esa neoaristocracia profesional o esa burguesía ennoblecida, anteriores a los “felices veinte”, aparece aquí retratada con la ironía y la ternura de quien la describe sin un objetivo ideológico preconcebido. Es una oportunidad única de asomarnos a las grandezas y miserias de esa élite culta que tanto ha desfigurado a veces el fogonazo de la literatura social.









16 de marzo. Claudia Piñeiro “Un comunista en calzoncillos

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Claudia Piñeiro (Burzaco, Argentina, 1960) es contadora, escritora, dramaturga y guionista de televisión de argentina. Se licenció como contadora pública nacional en la Universidad de Buenos Aires y ejerció esta profesión hasta 1992, antes de dedicarse a la escritura.
Su primera novela publicada fue una juvenil, Un ladrón entre nosotros, en 2004 —también año de su primer estreno teatral: Cuánto vale una heladera—, la que al siguiente ganó el galardón que otorgaba el Grupo Editorial Norma de Colombia, aunque la primera que escribió data de 1991: El secreto de las rubias, que no se publicó a pesar de haber quedado entre las diez finalistas del Premio La Sonrisa Vertical (con anterioridad sí había editado otro libro infantil, Serafín, el escritor y la bruja, en 2000, pero difícilmente puede catalogarse de novela). En 2005 obtuvo asimismo el Premio Clarín de Novela por Las viudas de los jueves, distinción a la que han seguido otras. Sus obras se han traducido a varios idiomas. También ha sido realizadora de vestuario de varias piezas.
En una entrevista publicada en la Revista Ñ, del diario Clarín cuenta en 2005, cómo empezó su carrera de escritora: "En 1991, estaba trabajando de gerente administrativa en una empresa que tenía una sucursal en San Pablo. Tenía que viajar para hacer la auditoría de los tornillos con los que se hacían unos compresores de aire; una cosa tremendamente aburrida. Yo iba en el avión, supongo que iba llorando, y leo en un recuadro muy chiquito en el diario el llamado a concurso de 'La sonrisa vertical', el certamen de la editorial Tusquets. Yo ni siquiera sabía que se trataba de un concurso de literatura erótica. Lo único que pensé fue: 'Vuelvo y me pido vacaciones y escribo una novela para esto, porque si no, yo me voy a quebrar'. La novela se llamaba El secreto de las rubias y quedó entre las diez finalistas, aunque luego no se publicó. Me di cuenta de que escribir era algo demasiado fuerte y, aunque siempre escribí, ya no podía postergarlo. Apareció como un salvavidas que me tiraron en ese momento".

Un comunista en calzoncillos
En el verano de 1976 una niña —perspicaz, observadora e intuitiva— está lista para dejar atrás la infancia. Su pequeño mundo familiar y suburbano, atravesado por las tensiones del esfuerzo diario y el resentimiento de las ilusiones perdidas, está dominado por una figura central y referente: su papá. Un padre apuesto, a la vez cómplice y ensimismado, que llegado el momento le exigirá una prueba de lealtad.
Un comunista en calzoncillos es una novela sobre la infancia, pero también el retrato de una época, una clase y un país. La realidad política en Argentina, que hasta el momento llegaba asordinada a las casas del pueblo y al horizonte infantil, irrumpe en forma de censura, secretos y sospechas. Los grupos se abren en bandos y las familias se parten, la protagonista prueba el sabor de la soledad y por primera vez necesita preguntarse: ¿qué se puede decir?, ¿qué se debe callar? Así, el relato da en el blanco, en el punto justo donde se cruzan la intimidad y la vida social.
«(Un libro) lleno de de intimidad, de emoción y, a la vez, paradójicamente, de ficción.»
Rosa Montero, El País


13 de abril. Amelie Nothomb “Estupor y temblores”

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Amélie Nothomb nació el 13 de agosto de 1967 en Kobe (Japón) en el seno de una familia belga acomodada. Su padre era diplomático. Esta profesión llevó a la familia Nothomb a residir en numerosos países, en especial asiáticos, como Japón, China, Laos, Bangladesh o Birmania. También vivió en Inglaterra, París y Nueva York.
A los diecisiete años descubre Europa y concretamente Bruselas, ciudad en la que se siente extraña y extranjera. Estudia filología románica en la Universidad Libre de Bruselas, pero su apellido evoca en Bélgica a una familia de la alta burguesía católica y a un bisabuelo de extrema derecha, lo que no favorece su integración en una universidad de tendencias liberal-socialistas (sobre ello escribió una novela semi-biográfica, Antichrista). Una vez licenciada, regresa a Tokio y entra a trabajar en una gran empresa japonesa. Posteriormente relató esta experiencia penosa en su novela Estupor y temblores, Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999, y fue llevada al cine por Alain Corneau en 2003.
Escribe en francés. Habla japonés y trabajó como intérprete en Tokio. Desde 1992, ha publicado una novela cada año.
Debutó con “Higiene Del Asesino” (1992), siguieron otros como “El Sabotaje Amoroso” (1993), con influencias autobiográficas de su estancia en China en su niñez, la obra teatral “Los Combustibles” (1994), “Las Catilinarias” (1995), novela centrada en una pareja de jubilados que recibe la visita de un siniestro invitado, “Atentado” (1997), libro con eje en un personaje de extrema fealdad que renuncia al amor, “Metafísica De Los Tubos” (2000), otra novela basada en sus propias vivencias.

Entre sus influencias, dentro de la literatura en lengua francesa, se encuentran autores como Marcel Proust o Louis Ferdinand Céline. También posee afinidad por la literatura oriental, admirando a escritores como Yukio Mishima, Junichiro Tanizaki o Kazuo Ishiguro.
De su estilo se ha opinado que es valioso, cómico y con mucho carácter, propio de una mujer que ha tenido que hacerse a sí misma; destaca también la precisión del vocabulario, la originalidad de los temas y una mordacidad constante. Maneja magistralmente el arte de lo absurdo. Fascinada por la fealdad y la monstruosidad, destaca por la descripción de personajes de rasgos extremos.
Recibió el Premio Leteo en 2006.

Estupor y temblores
Esta novela de inspiración autobiográfica, que ha obtenido un enorme éxito en Francia, cuenta la historia de una joven belga que empieza a trabajar en Tokio en una gran compañía japonesa. Pero en el Japón actual, fuertemente jerarquizado, la joven tiene el lastre de un doble hándicap: es occidental y mujer, lo cual la convertirá en blanco de una cascada de humillaciones y de una progresiva degradación laboral que la llevará a pasar de la contabilidad a servir cafés, ocuparse de la fotocopiadora y finalmente encargarse de la limpieza de los lavabos masculinos.


18 de mayo. Carmen Riera. “Tiempo de inocencia

                                  Portada de Tiempo de inocencia

«Para bien o para mal, hay muy pocas cosas de mi vida que no tengan su punto de partida en la infancia.»

Carme Riera pasó su infancia y adolescencia en Palma de Mallorca, hasta que en 1965 se fue a estudiar filología inglesa en la Universidad Autónoma de Barcelona, por la que se licenció en 1970. Después se convirtió en catedrática de literatura española, es especialista en el Siglo de Oro y dirige también talleres de escritura.
Publicó su primer libro, la recopilación de cuentos Te deix, amor, la mar com a penyora, en 1975 (el relato que le da título había ganado, en 1974, el premio Recull), seguido dos años después por otro del mismo género; su primera novela, Una primavera per a Domenico Guarini, recibió el Premio Prudenci Bertrana 1980 y salió a la venta al año siguiente.
Riera dice que escribe sus novelas y relatos en catalán (o mallorquín), y luego no los traduce sino que hace nuevas versiones en castellano; sin embargo, los ensayos los escribe en español.
En abril de 2012 fue elegida miembro de número de la Real Academia Española, donde pasó a ocupar la silla n tras leer su discurso de ingreso el 7 de noviembre de 2013.
Riera ha recibido numerosos premios por sus obras, que han sido traducidas a una decena de idiomas. Ha colaborado con diversas publicaciones, como el diario El País o las revistas Quimera y Serra d'Or, entre otras.

Tiempo de inocencia
La protagonista de esta historia es una niña que odia los espejos porque no es guapa como su madre. Se parece tanto a su padre que cree que en cualquier momento también le saldrá bigote. Lo que más le gusta es escuchar detrás de las puertas y mirar por el balcón a los niños que juegan en la calle, a la que no le permiten bajar. La abuela le cuenta historias que desbordan su imaginación y la impulsan a otras fabulaciones. Algunas tienen que ver con los horrores del infierno e incluso con la posibilidad de que le salga una joroba a causa de sus pecados.
«La Mallorca que muestran estas páginas se parece poco a la actual. Los cambios acaecidos a partir de los años sesenta, con la llegada masiva de turistas, modificaron la fisonomía de la isla. Donde había algarrobos, olivos, almendros o pinos se sembraron hoteles, bloques de apartamentos, tiendas de souvenirs. Crecieron desvaríos de cemento armado. (...) Dejar constancia escrita de aquella época me ha permitido, en gran manera, recuperarla.»
Además de recrear su universo infantil, Carme Riera nos permite asomarnos a una determinada época en la que el verbo prohibir era el más usual. A través de la mirada de una niña vemos desfilar una serie de personajes ligados a tradiciones y oficios hoy desaparecidos.
«Memorias de niñez escritas con esa maravillosa elegancia y esa madurez expresiva que son el sello distintivo de la autora. Un libro con amor y humor, envuelto en un punzante aroma de nostalgia». Rosa Montero, El País